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La sabiduría de la naturaleza aplicada a la arquitectura

Edificio ZELOSIA


Información adicional


ARQUITECTOS:
Alberto Monreal Aliaga
Elisa Durán Perez
José Ignacio Navarro Abella
Rafael Pamplona Abezona
ARQUITECTOS TÉCNICOS:
Marta López López
Vanesa Carrera
María del Mar Gómez Vicente
FABRICANTE LADRILLO: Jesús y José Mª García Jorquera. Muel. Zaragoza.
FECHA FINAL DE OBRA: 29-12-2010

El proyecto consistía en la construcción con criterios ecológicos de tres apartamentos con zonas comunes. El terreno donde se realiza la actuación es una pequeña de forma irregular entre medianeras situado en Zaragoza.
La edificación se desarrolla en semisótano para las zonas comunes (cuarto de instalaciones, cuarto de bicis, cuarto de lavado y tres trasteros) y tres alturas sobre rasante (Baja +2). El acceso al edificio se realiza mediante escalera comunitaria abierta desde el patio posterior de parcela. A este patio dan la mayor parte de la zonas húmedas de los apartamentos, dejando la fachada principal para los cuartos de estar y dormitorios.
Los tres apartamentos constan de salón-comedor-cocina, dormitorio doble y baño. El de planta baja tiene además salida a un pequeño jardín propiciado por el retranqueo obligatorio de la fachada y el apartamento de planta segunda dispone de terraza ajardinada con porche en la azotea. También en la azotea se sitúa la instalación de energía solar térmica.

CRITERIOS ECOLÓGICOS y ENERGÉTICOS
La edificación se realiza con el mínimo impacto medioambiental (utilización de materiales naturales, diseño bioclimático, uso de energías renovables, etc.)
Además, el diseño del edificio está adaptado a las condiciones particulares de la parcela, en cuanto a irregularidad y limitación de espacio, y se configura considerando estos factores y teniendo en cuenta la orientación para reducir el consumo. Se busca, en la medida de lo posible, una orientación favorable hacia el sol para captación y aporte a las viviendas. Asimismo incorpora sistemas de ventilación y disipación del calor en época estival.
En la construcción se utilizan materiales que no sean tóxicos ni en su producción, ni en instalación ni después para los habitantes, como ladrillos cerámicos, madera, corcho natural, cementos naturales, cal etc.
Fruto de estas consideraciones ha sido el diseño de la fachada principal del edificio.
Es una fachada ventilada compuesta por una hoja interior de fábrica de ladrillo perforado de 11cm de espesor (para mejorar las condiciones acústicas y de inercia térmica interior) y una celosía vertical exterior de ladrillo caravista manual puesto a tabla de 4 cm de espesor.
Ambas hojas dejan una cámara de aire de 6 cm de espesor y se conectan mediante armaduras de acero galvanizado.
En el interior de la cámara se colocan planchas de aglomerado de corcho natural de 4 cm de espesor sujetas a la hoja interior por el propio enfoscado de mortero, evitando de esta manera la existencia de puentes térmicos. También se evitan los puentes térmicos de las carpinterías al hacer coincidir en el mismo plano el aislamiento con los premarcos de madera de las ventanas, actuando estos últimos como cierre de la cámara de aire y refuerzo de la unión entre hoja interior y exterior.
La fachada se proyecta teniendo como premisa su orientación noroeste. Por ello, se crea una celosía vertical abierta al suroeste para recoger el sol de tarde en la época invernal y cerrada al noroeste para cerrar el paso del cierzo (viento dominante) y favorecer la disipación del calor en la época estival.
El ladrillo tradicional proviene de una empresa de Muel, a 27 km de Zaragoza, elegida por utilizar materia prima local y su situación, todo ello con el objeto de minimizar la producción de CO2 por la fabricación y el transporte del ladrillo.
La elección del ladrillo caravista manual se origina en la voluntad de reducción al máximo de mantenimiento y la utilización de un material del lugar y de gran tradición en Zaragoza que conecta con su cultura pasada.
Además, la forma de realización de las lamas de ladrillo facilita en gran medida su recuperación y reutilización y, en caso de derribo, aseguraría un mínimo impacto ambiental posibilitando además su posterior reciclado, ya que en su composición no hay ningún producto contaminante.

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